Las murallas de la ciudad de Sevilla eran consideradas como una de las más largas de Europa y cuentan con la particularidad de tener doble lienzo de muralla. Bajo el dominio cartaginés la muralla estaba compuesta por madera y barro principalmente; pero la invasión del imperio romano y entre los años 65 y 68 a.C., Julio César sustituyó la muralla más consistente empleando grandes cantidades de piedra. Los romanos se adaptan a los materiales que hay en cada lugar, por eso nuestra muralla tiene sillares pero claramente se ve la argamasa de la que está construida. En esta época se añadieron las puertas para entrar en la ciudad y los torreones de vigilancia. La invasión árabe determinó que las murallas se agrandase y fortaleciesen para volver esta defensa contra sus propios habitantes en beneficio de los invasores, pero en la Reconquista el rol cambió. En 913, el califa Abderramán III mandó destruir las murallas como una estrategia política para evitar los intentos de se...