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El más allá entre los egípcios


El tercer factor de la civilización egipcia: La creencia en la otra vida, religión.
Los egipcios observaron que el valle del Nilo dependía de una doble fuerza: el sol y el río. Además de su fuerza creativa, el sol tenía poderes destructores. Sus rayos, que hacían crecer las cosechas, podían secarlas. Y el río, que enriquecía el suelo con sus depósitos de minerales, podía arrastrar cualquier cosa que se pusiese en su camino. O si por el contrario, su cauce no subía lo suficiente, podía provocar el hambre.

Estos dos fenómenos impresionaban profundamente a la población por sus dos facetas, muerte y vida; el sol que moría al atardecer por el horizonte occidental, renacía por el Este a la mañana siguiente. Dependía únicamente del río la fertilidad o renacimiento de la cosecha, después de la muerte de la tierra cada año.
Esta natural teoría de renacimiento después de la muerte está en la base de la creencia de los antiguos egipcios en la vida de ultratumba. Tan inevitable como que el sol salga cada mañana es que el hombre vuelva a nacer después de la muerte.
Cada año la crecida del Nilo fertilizaba la tierra y cada año se retiraba dejando sus campos vacíos, un ciclo que se repetía con una frecuencia y puntualidad asombrosa en el que la tierra nacía y moría, de la misma manera que Osiris, símbolo de la fertilidad, se enfrentaba con Set, símbolo del desierto, para morir en sus manos y volver a nacer indefinidamente.
Correcciones al español. MCarmen Calderón Berrocal

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