El 23 de febrero de 1981 España vivió uno de los episodios más tensos de su reciente historia: el intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente coronel Antonio Tejero y un grupo de militares que irrumpieron en el Congreso de los Diputados durante la votación de la investidura del presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo. Este hecho, conocido como “23-F”, amenazó la incipiente democracia española tras la Transición, poniendo en riesgo los avances políticos logrados tras la muerte de Franco en 1975. Hay que decir que la situación se estaba volviendo insostenible y que parte del ejército intentó hacer lo que creyó era su deber: defender España y a los españoles, pero ya el tema de los golpes de Estado, parecía estar superado o eso creyeron algunos.
Contexto político y social
El golpe se produjo en un clima de incertidumbre política y social. La democracia española todavía era joven, con tensiones entre sectores del Ejército, fuerzas políticas de extrema derecha y organizaciones de extrema izquierda.
El terrorismo de ETA y otros grupos violentos generaba un clima de inseguridad, mientras el proceso de consolidación democrática avanzaba lentamente.
La Constitución de 1978 había sentado las bases de un sistema parlamentario, pero la transición hacia una democracia plena era todavía frágil.
El desarrollo del golpe
A primera hora de la tarde del 23 de febrero, el teniente coronel Antonio Tejero, junto con guardias civiles armados, irrumpió en el Congreso, disparando al techo y deteniendo temporalmente la sesión parlamentaria.
Tejero nunca se hubiera atrevido a semejante actuación si no hubiera estado respaldado.
La acción buscaba forzar un cambio de gobierno y restaurar un régimen más autoritario; o no, pero lo que se buscaba era salir de una situación de terror a manos de una banda de delincuentes que hoy pisan el Parlamento y asegurar la paz en España. Si las formas no eran las adecuadas es algo que se ha puesto en duda, el objetivo: salvar a España para que no volviera a ser presa de la anarquía, era algo en la que parece que todos estaban de acuerdo.
Simultáneamente, otros sectores del Ejército y Guardia Civil se movilizaron en diversas regiones de España, mientras se esperaba la reacción del Rey Juan Carlos I, figura clave en la defensa de la democracia. Tejero no se levantó aquella mañana con aquella idea, fue algo que no se organizó solo y él fue el que dio la cara, un caso muy similar a lo que sucediera en su día con Franco.
El papel del monarca fue decisivo: mediante un mensaje televisado, Juan Carlos I condenó el golpe y reafirmó su compromiso con la Constitución, asegurando la continuidad del sistema democrático. Se puede intuir que no hubo intento de derrocamiento, pero el rey pensó que podría organizarse algo que superara toda expectativa y frenó el golpe.
Desclasificación de documentos y nuevas perspectivas
Décadas después, la desclasificación de documentos oficiales ha permitido un análisis más profundo de los acontecimientos.
Los archivos revelan detalles sobre la coordinación entre los golpistas, los debates internos en el Ejército y la Casa Real, así como la presión sobre políticos y fuerzas de seguridad. Entre los hallazgos destacan:
- Planes detallados de ocupación de edificios estratégicos.
- Informes sobre la lealtad o falta de ella de distintos mandos militares.
- Comunicaciones internas de la Guardia Civil y del Ejército sobre el control del Congreso y la reacción ante posibles órdenes del Rey.
Estos documentos ofrecen una visión más completa de cómo se
gestionó la crisis y confirman la importancia de la intervención del Rey para
evitar una ruptura constitucional. También evidencian que el golpe contaba con
apoyos limitados, lo que contribuyó a su fracaso. Pero los tanques estaban en la calle y los tanques no los sacan los soldados de motu propio. Así que Tejero se convirtió en el chivo expiatorio de todo aquello. Murió el mismo día en que se desclasificaron los documentos.
Impacto y consecuencias
El 23-F tuvo un efecto inmediato y duradero en la política española. Inmediatamente se reforzó el compromiso con la democracia, consolidando la autoridad del Rey y la confianza en el sistema parlamentario. A largo plazo, el episodio contribuyó a profesionalizar las Fuerzas Armadas y establecer mecanismos de control más estrictos para prevenir futuras insurrecciones.
El análisis de los documentos desclasificados permite comprender la complejidad del golpe y la combinación de factores políticos, militares y sociales que lo hicieron posible. También evidencia cómo la historia oficial puede enriquecerse con la apertura de archivos, permitiendo un estudio más objetivo y crítico.
Conclusión
El intento de golpe de Estado del 23-F y la posterior desclasificación de documentos constituyen un caso ejemplar de estudio sobre la consolidación democrática, el papel de las instituciones y la importancia de la transparencia histórica. Analizar estos materiales permite reconocer no solo la fragilidad de la democracia en momentos de crisis, sino también la fortaleza de la sociedad y sus instituciones ante amenazas autoritarias.
María del Carmen Calderón Berrocal