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Las mujeres mulatas en México en el siglo XVIII: Procesos inquisitoriales y construcción social del delito

 



Durante el siglo XVIII, el virreinato de la Nueva España estuvo marcado por una compleja estructura social jerarquizada bajo el sistema de castas. Dentro de este entramado, las mujeres mulatas ocuparon un lugar particularmente vulnerable, atravesado por prejuicios raciales, de género y de clase. Su presencia en los registros del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición permite analizar cómo se construyó socialmente la figura de la mujer mulata como sujeto sospechoso, moralmente inestable y proclive a prácticas consideradas desviadas.

Este artículo examina el papel de las mujeres mulatas en los procesos inquisitoriales del siglo XVIII, atendiendo a los discursos de poder, los imaginarios raciales y las estrategias de supervivencia que emergen de la documentación judicial.

El contexto social: casta, género y marginalidad

En la sociedad novohispana, la categoría “mulata” designaba a las personas descendientes de europeos y africanos. Esta clasificación no era meramente descriptiva; implicaba una posición jurídica, económica y simbólica inferior frente a españoles y criollos.

Para las mujeres, esta condición racial se sumaba a la subordinación de género. Las mulatas eran frecuentemente asociadas con:

  • Hipersexualización

  • Supuesta inclinación al desorden moral

  • Prácticas mágicas o supersticiosas

  • Vida fuera del control patriarcal (concubinato, soltería, trabajo informal)

Estas percepciones influyeron directamente en su mayor exposición a denuncias inquisitoriales.

La Inquisición en Nueva España en el siglo XVIII

El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, establecido formalmente en 1571, tenía como objetivo preservar la ortodoxia católica. Sin embargo, en el siglo XVIII sus funciones se ampliaron hacia el control moral y social.

A diferencia de los procesos por judaísmo o protestantismo —más frecuentes en los siglos XVI y XVII—, durante el siglo XVIII aumentaron los casos relacionados con:

  • Hechicería y superstición

  • Blasfemia

  • Bigamia

  • Solicitud en confesión

  • Prácticas mágicas amorosas

Las mujeres mulatas aparecen con frecuencia en este tipo de causas, particularmente en las vinculadas con hechicería y magia amorosa.

Mujeres mulatas y acusaciones de hechicería

Una de las acusaciones más comunes contra mujeres mulatas fue la de practicar hechicería. Estas prácticas incluían:

  • Elaboración de filtros amorosos

  • Uso de hierbas medicinales con fines rituales

  • Invocaciones y rezos no autorizados

  • Amuletos y conjuros

Desde la perspectiva inquisitorial, estas acciones eran consideradas supersticiosas o incluso pactos implícitos con fuerzas demoníacas. Sin embargo, desde un análisis histórico, pueden interpretarse como:

  1. Estrategias de subsistencia económica

  2. Formas de agencia femenina

  3. Saberes tradicionales afrodescendientes y populares

  4. Recursos para negociar relaciones afectivas y sexuales

Muchas mulatas trabajaban como curanderas, parteras o sirvientas. Su conocimiento del cuerpo y de la sexualidad generaba temor y sospecha en una sociedad profundamente jerarquizada.

El cuerpo mulato como espacio de sospecha

La construcción del cuerpo femenino mulato estuvo cargada de significados. Se le atribuían características como:

  • Sensualidad desbordada

  • Carácter indómito

  • Tendencia al pecado

Estas representaciones aparecen también en la cultura visual del periodo, como en las llamadas pinturas de castas, por ejemplo las realizadas por Miguel Cabrera, donde las jerarquías raciales se representaban visualmente.

En los procesos inquisitoriales, el cuerpo de la mujer mulata era frecuentemente descrito con detalle, enfatizando su conducta sexual, su vestimenta o su “atrevimiento”, reforzando estereotipos raciales y de género.

Estrategias de defensa y agencia femenina

Aunque los archivos inquisitoriales reflejan una estructura represiva, también permiten observar espacios de resistencia. Las mujeres mulatas:

  • Negaban las acusaciones reinterpretando sus prácticas como devocionales

  • Alegaban ignorancia doctrinal

  • Movilizaban redes comunitarias para testificar a su favor

  • Utilizaban el discurso religioso para legitimar sus acciones

En muchos casos, las penas no fueron extremas. Durante el siglo XVIII, la Inquisición novohispana tendía a imponer sanciones como:

  • Amonestaciones

  • Multas

  • Abjuraciones públicas

  • Reclusión temporal

La ejecución por hechicería fue excepcional en este periodo.

Control social y racialización del delito

El análisis de estos procesos revela que la Inquisición no solo defendía la ortodoxia religiosa, sino que funcionaba como un mecanismo de control social. La persecución de mujeres mulatas reforzaba:

  • La jerarquía racial

  • El orden patriarcal

  • La moral católica

  • La división entre saber legítimo e ilegítimo

Así, la criminalización de prácticas populares operaba como una forma de disciplinamiento sobre cuerpos racializados y feminizados.

Conclusión

El estudio de las mujeres mulatas en los procesos inquisitoriales del siglo XVIII en la Nueva España permite comprender cómo raza, género y religión se entrelazaron en la construcción del delito. Más que simples víctimas pasivas, estas mujeres aparecen como sujetos históricos que negociaron, resistieron y reinterpretaron las estructuras de poder que intentaban disciplinarlas.

Los expedientes inquisitoriales, leídos críticamente, no solo documentan persecuciones, sino que revelan tensiones sociales profundas en una sociedad colonial marcada por la desigualdad estructural.

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