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Conflictos entre Portugal y Castilla (1364–1432): crisis dinásticas, guerra y consolidación política

 

Conflictos entre Portugal y Castilla (1364–1432): crisis dinásticas, guerra y consolidación política

María del Carmen Calderón Berrocal


Entre 1364 y 1432, las relaciones entre el Reino de Portugal y la Corona de Castilla estuvieron marcadas por enfrentamientos militares, disputas dinásticas y tensiones diplomáticas que configuraron de manera decisiva el equilibrio político de la Península Ibérica. Este período se inscribe en un contexto europeo más amplio, determinado por la Guerra de los Cien Años y por la creciente articulación de alianzas internacionales entre los reinos peninsulares y potencias como Inglaterra y Francia.

El objetivo del presente artículo es analizar las causas, desarrollo y consecuencias de los conflictos luso-castellanos entre 1364 y 1432, prestando especial atención a las crisis sucesorias, los enfrentamientos armados y la consolidación institucional portuguesa tras la crisis de 1383–1385.

Guerra civil castellana y primeras tensiones (1364–1369)

El origen inmediato del conflicto se encuentra en la guerra civil castellana que enfrentó a Pedro I de Castilla y a Enrique II de Castilla. Este conflicto no solo tuvo carácter interno, sino que adquirió dimensión internacional al involucrar apoyos externos. Portugal intervino en favor de Pedro I, lo que evidenciaba la interdependencia política entre ambos reinos.

La victoria de Enrique II en 1369 inauguró la dinastía Trastámara en Castilla y deterioró significativamente las relaciones con Portugal. Desde entonces, la rivalidad entre ambas coronas se intensificó, combinando factores dinásticos, territoriales y estratégicos.

Tensiones luso-castellanas y alianzas internacionales

Durante las décadas siguientes, los enfrentamientos se inscribieron en el marco más amplio de la Guerra de los Cien Años. Castilla mantuvo una política cercana a Francia, mientras que Portugal consolidó su alianza con Inglaterra. Esta polarización internacional transformó el conflicto peninsular en una extensión indirecta del enfrentamiento franco-inglés.

El elemento matrimonial desempeñó un papel crucial en la diplomacia de la época. Las uniones dinásticas eran instrumentos de expansión territorial y legitimación política. En este contexto, el matrimonio entre Beatriz de Portugal y el rey castellano generó un escenario potencial de unión dinástica que amenazaba la independencia portuguesa.

La crisis de 1383–1385 y la Batalla de Aljubarrota

La muerte de Fernando I de Portugal en 1383 sin heredero varón desencadenó una profunda crisis sucesoria. Su hija Beatriz estaba casada con Juan I de Castilla, lo que abría la posibilidad de una integración de Portugal en la órbita castellana.

Sin embargo, un sector significativo de la nobleza y de los grupos urbanos portugueses rechazó esta perspectiva. El liderazgo de la resistencia recayó en Juan I de Portugal, maestre de Avis, quien fue proclamado rey en 1385 tras un proceso de afirmación política y militar.

El conflicto culminó en la decisiva Batalla de Aljubarrota (14 de agosto de 1385), donde las fuerzas portuguesas, apoyadas por contingentes ingleses, derrotaron al ejército castellano. La victoria no solo aseguró la independencia de Portugal, sino que consolidó la nueva dinastía de Avis y redefinió el equilibrio peninsular.

Tratados, estabilización y consecuencias (1385–1432)

Tras la derrota castellana, las tensiones no desaparecieron de inmediato, pero se inició un proceso gradual de normalización diplomática. En 1386, Portugal formalizó su alianza con Inglaterra mediante el Tratado de Windsor, uno de los acuerdos diplomáticos más duraderos de la historia europea.

Durante las décadas siguientes, Castilla terminó reconociendo la legitimidad de la dinastía de Avis. Para 1432, el enfrentamiento directo había quedado atrás, dando paso a una coexistencia más estable entre ambos reinos.

Las consecuencias del conflicto fueron profundas: Consolidación de la identidad política portuguesa, basada en la defensa de la independencia frente a Castilla. Fortalecimiento del poder monárquico en Portugal bajo la dinastía de Avis. Proyección atlántica portuguesa, que sentó las bases para la posterior expansión marítima del siglo XV. Reconfiguración del equilibrio peninsular, que anticipó futuras dinámicas entre Castilla y Portugal.

Conclusión

Los conflictos entre Portugal y Castilla entre 1364 y 1432 no fueron meros enfrentamientos fronterizos, sino episodios decisivos en la formación de las monarquías ibéricas tardomedievales. La guerra civil castellana, la crisis sucesoria portuguesa y la Batalla de Aljubarrota constituyeron hitos fundamentales en la consolidación política del Reino de Portugal y en la definición de su independencia frente a Castilla.

Asimismo, estos conflictos deben entenderse en el marco de las alianzas internacionales derivadas de la Guerra de los Cien Años, que otorgaron a la política peninsular una dimensión europea. En última instancia, la victoria portuguesa y la consolidación de la dinastía de Avis contribuyeron de manera determinante a la estabilidad interna del reino y a su futura proyección marítima, elemento central de la historia moderna europea.

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