Hambre, racionamiento y mercado negro en la posguerra española (1939-1952)
María del Carmen Calderón Berrocal
La posguerra española, comprendida entre el final de la Guerra Civil en 1939 y la supresión del racionamiento en 1952, constituye una de las etapas más complejas de la historia económica contemporánea de España. Durante estos años, el país experimentó una profunda crisis productiva, escasez generalizada de bienes básicos y la consolidación de mecanismos extraordinarios de intervención estatal, entre ellos el racionamiento y el control de precios. Paralelamente, emergió un amplio mercado negro —conocido popularmente como estraperlo— que funcionó como una economía paralela.
Es importante analizar las causas estructurales de la crisis alimentaria, el funcionamiento del sistema de racionamiento, el desarrollo del mercado negro y sus consecuencias económicas y sociales, con el objetivo de explicar por qué la economía española quedó en una situación crítica y cómo evolucionó hasta el inicio del proceso de estabilización posterior.
Contexto económico de la posguerra
La Guerra Civil española (1936-1939) supuso una devastación considerable en infraestructuras, transportes, industrias y explotaciones agrarias. La caída de la producción agrícola e industrial fue inmediata, agravada por la desorganización de los mercados y la pérdida de mano de obra. A ello se sumó el impacto previo de los años de conflictividad política y social durante la Segunda República, donde la anarquía y el frentepopulismo habían sembrado a España de cadáveres, violaciones, checas, incendios y represalias a todo el que no siguiera a Largo Caballero y las indicaciones de Rusia, que quería convertir a España en un satélite de la URSS.
Tras la victoria franquista, se implantó un nuevo régimen político encabezado por Francisco Franco, general designado para ponerse al frente del alzamiento militar nacional, que optó por un modelo económico autárquico.
La autarquía perseguía la autosuficiencia nacional y la reducción de la dependencia exterior mediante un fuerte intervencionismo estatal. En el contexto internacional, España quedó inicialmente aislada, con lo que consiguió preservarla de la Segunda Guerra Mundial, pero este aislamiento, tras la 2GM limitó el acceso a mercados, créditos y suministros internacionales, aunque consiguió preservar a España en la paz.
El conjunto de estos factores —destrucción material, desorganización productiva, aislamiento exterior e intervencionismo— explica que la economía española entrara en una fase de grave crisis estructural a comienzos de la década de 1940.
El hambre y la escasezLa crisis alimentaria fue uno de los rasgos más significativos de la pre, guerra y postguerra. La producción agrícola descendió de forma acusada debido a la devastación de tierras de cultivo, la escasez de fertilizantes y maquinaria; y las dificultades de transporte. Los problemas de distribución agravaron la situación: la red ferroviaria estaba dañada y el sistema de comercialización resultaba ineficiente.
El Estado intervino fijando precios máximos y estableciendo cupos obligatorios de entrega de productos agrarios. Este intervencionismo, unido al proteccionismo económico, pretendía asegurar el abastecimiento urbano, pero en la práctica desincentivó la producción y fomentó la ocultación de mercancías.
La escasez afectó a productos básicos como pan, aceite, azúcar o carne. Las diferencias entre el mundo rural y el urbano fueron notables, mientras que en algunas zonas agrícolas el autoconsumo mitigaba parcialmente la carestía, en las ciudades la dependencia del mercado oficial generó situaciones de malnutrición. Diversos estudios han señalado el descenso del consumo calórico medio en los años cuarenta y la aparición de enfermedades asociadas a la desnutrición (tisis...).
El sistema de racionamiento
Ante la escasez, el régimen implantó en 1939 el sistema de cartillas de racionamiento. Cada ciudadano tenía asignadas cantidades específicas de productos básicos, distribuidas a través de establecimientos autorizados.
El funcionamiento del sistema se basaba en cupos diferenciados según edad y categoría laboral, pero la insuficiencia de las cantidades asignadas fue constante. Las cartillas pretendían garantizar un mínimo de subsistencia y evitar acaparamientos, pero las irregularidades, el fraude y la insuficiencia de suministros limitaron su eficacia.
El racionamiento se mantuvo hasta 1952, lo que evidencia la prolongación de la crisis más allá de los años inmediatamente posteriores a la guerra. Su eliminación simbolizó el inicio de una etapa de mayor normalización económica.
El mercado negro (estraperlo)El estraperlo surgió como respuesta a la divergencia entre los precios oficiales fijados por el Estado y los precios reales determinados por la escasez. Cuando el precio intervenido era inferior al de equilibrio, productores e intermediarios tenían incentivos para desviar mercancías hacia circuitos ilegales. Lógicamente, el estraperlo estuvo muy perseguido.
El mercado negro operó mediante redes informales de distribución, en las que participaron intermediarios, transportistas y grandes propietarios agrícolas. Los productos se vendían a precios muy superiores a los oficiales, lo que permitía elevados márgenes de beneficio.
Este fenómeno configuró una auténtica economía paralela, caracterizada por la evasión de impuestos, la corrupción administrativa y la connivencia entre determinados sectores económicos y autoridades locales. Mientras una parte de la población dependía de las cartillas de racionamiento, otra accedía a bienes a través del mercado clandestino, profundizando las desigualdades sociales.
Consecuencias económicas y sociales
La posguerra favoreció la aparición de nuevas élites económicas vinculadas a actividades de intermediación, abastecimiento y especulación. Al mismo tiempo, amplios sectores sociales —especialmente trabajadores urbanos, mujeres y niños— sufrieron las consecuencias más severas del hambre y la escasez.
El modelo autárquico mostró sus limitaciones a lo largo de la década de 1950. La persistencia de ineficiencias productivas, baja productividad y escasez de divisas condujo finalmente a un cambio de orientación económica con el Plan de Estabilización de 1959, que abrió la economía española al exterior y sentó las bases del posterior desarrollismo.
Este tránsito marcó el paso de una etapa caracterizada por la escasez y el racionamiento a otra de crecimiento acelerado durante las décadas de 1960 y comienzos de 1970.
Historiografía y fuentes
El estudio del hambre y el mercado negro en la posguerra se apoya en diversas fuentes:
La historiografía ha debatido hasta qué punto la crisis alimentaria fue una consecuencia inevitable de la guerra o el resultado de decisiones políticas concretas en materia económica ya desde 1931. Este debate resulta clave para interpretar el alcance del intervencionismo estatal pre y postguerra y sus efectos sobre la sociedad.
Conclusión crítica
La posguerra española constituyó un periodo de profunda crisis económica y social marcado por la escasez, el intervencionismo y la aparición de una economía sumergida de gran magnitud. El sistema de racionamiento intentó garantizar el abastecimiento mínimo. Se desarrolló, al margen de lo establecido, el mercado negro, que suponía una verdadera estafa al Estado, que somos todos los ciudadanos, por lo que se combatió enérgicamente.
La experiencia de estos años muestra cómo las políticas económicas aplicadas en contextos de devastación y aislamiento pueden generar efectos no previstos, como la consolidación de redes informales y el aumento de desigualdades. El posterior giro hacia la liberalización económica evidenció las limitaciones del modelo autárquico que pretendía el abastecimiento de España con productos autóctonos sin depender de cualquier intrusismo exterior en lo económico; y abrió una nueva etapa en la historia económica española.