Historia de las mujeres y estudios de género
María del Carmen Calderón Berrocal
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Orígenes de la historia de las mujeres
La historia de las mujeres surge como una disciplina dentro de la historiografía en la segunda mitad del siglo XX, como respuesta a la invisibilización de las mujeres en la historia tradicional. La historia de las mujeres como disciplina académica
La historia de las mujeres surgió en la segunda mitad del siglo XX como una reacción crítica a la historiografía tradicional, que durante siglos había invisibilizado o marginalizado la experiencia y contribuciones de las mujeres. Hasta ese momento, los relatos históricos se centraban casi exclusivamente en figuras masculinas y en hechos considerados “universales”, dejando fuera la perspectiva femenina y su impacto en la sociedad.
Contexto: década de 1960-1970
Durante los años 60 y 70, se vivió un auge de los movimientos feministas en distintos países, especialmente en Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Estos movimientos no solo buscaban derechos políticos y sociales para las mujeres, sino que también cuestionaban la manera en que la historia había sido escrita:
- Se empezó a plantear que la historia no era neutral: reflejaba las prioridades de quienes tenían poder, mayoritariamente hombres.
- Se denunciaba que el trabajo de las mujeres, tanto en el hogar como en la sociedad, había sido sistemáticamente ignorado en los relatos históricos.
- Surgió un interés académico por estudiar a las mujeres no como figuras aisladas, sino como sujetos históricos con agencia propia.
Pioneras de la historia de las mujeres
- Gerda Lerner (1920-2013) – Historiadora austriaca-estadounidense, considerada una de las fundadoras de la historia de las mujeres como disciplina. Su trabajo fue fundamental para demostrar que las mujeres habían sido agentes activos a lo largo de la historia y no solo espectadores pasivos. Lerner insistía en que estudiar la historia de las mujeres era indispensable para entender la historia en su conjunto.
- Joan Kelly (1928-1982) – Historiadora estadounidense que introdujo la idea de que “la mujer no tiene historia” era un mito de la historiografía tradicional. Propuso que la historia de las mujeres no debía considerarse un simple complemento de la historia de los hombres, sino un campo con metodologías, preguntas y perspectivas propias.
Objetivos iniciales de la disciplina
Al fundarse la historia de las mujeres como área académica, sus primeras metas fueron:
- Recuperar la memoria de mujeres olvidadas: rescatar a figuras históricas femeninas y documentar sus logros en diferentes áreas, desde la política hasta las artes.
- Analizar estructuras de subordinación: estudiar cómo las instituciones, normas y prácticas sociales limitaban los derechos y oportunidades de las mujeres.
- Mostrar la participación femenina en la sociedad: destacar que las mujeres siempre han estado presentes en la política, economía, cultura y vida cotidiana, aunque a menudo fuera invisibilizada.
En conjunto, la historia de las mujeres no solo reescribió partes de la historia, sino que también cuestionó los métodos y sesgos de la historiografía tradicional, sentando las bases para los posteriores estudios de género, que ampliarían la reflexión hacia la construcción social de las diferencias entre hombres y mujeres.
Emergencia de los estudios de género
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A partir de los años 1980-1990, surge un nuevo campo académico conocido como estudios de género, que expande y profundiza los objetivos de la historia de las mujeres. Mientras esta última se centraba en rescatar la memoria y participación de las mujeres, los estudios de género cuestionan las estructuras sociales que determinan roles y expectativas para todos los géneros.
El concepto clave es sexo vs. Género. Uno de los aportes fundamentales de este campo es la distinción entre sexo y género: sexo se refiere a las características biológicas y fisiológicas que diferencian a hombres y mujeres (genitales, cromosomas, hormonas); y género es un constructo social que define los roles, comportamientos, normas y expectativas que la sociedad asigna a las personas según su sexo. Se analiza cómo la desigualdad de género no es natural ni biológica, sino que se construye y reproduce culturalmente a través de instituciones, leyes, educación y prácticas sociales.
Los estudios de género investigan cómo las normas y expectativas de género atraviesan todas las esferas de la vida social, incluyendo la política: participación y representación de mujeres, masculinidades hegemónicas, liderazgo; la economía: brechas salariales, división sexual del trabajo, empleo formal e informal; la educación: acceso a la educación, estereotipos en la enseñanza y en el aprendizaje; la sexualidad y cuerpo: roles sexuales, control social del cuerpo, normas de belleza; y el trabajo doméstico y cuidado: cómo se distribuyen las responsabilidades del hogar y del cuidado de familiares.
Los estudios de género también incorporan teorías críticas que cuestionan los modelos tradicionales, tal es el caso de la Teoría feminista que analiza las desigualdades estructurales entre hombres y mujeres; o la Teoría queer que cuestiona la idea de identidades de género fijas y propone que el género es fluido y performativo.
Judith Butler filósofa y teórica estadounidense, central en los estudios de género, desarrolló la teoría de la performatividad de género, que sostiene que el género no es algo que se tiene, sino algo que se hace y se repite en actos y comportamientos socialmente regulados.
Este tipo de estudios en la historia tuvieron impacto académico y gracias a los estudios de género, se logró analizar las relaciones de poder más allá de la dicotomía hombre-mujer, también explorar cómo el género afecta la vida de todos, incluyendo hombres, personas no binarias y minorías sexuales; y establecer un enfoque interdisciplinario que combina historia, sociología, antropología, filosofía, psicología y ciencias políticas.
Interseccionalidad y expansión del campo de los estudios de género
A partir de la década de 1990, los estudios de género experimentan una ampliación conceptual importante al incorporar el enfoque de interseccionalidad, que marca un giro profundo en la manera de analizar las desigualdades sociales.
El término interseccionalidad fue desarrollado por la abogada y académica Kimberlé Crenshaw en 1989, en el contexto de los estudios feministas y del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos. La interseccionalidad propone que no es suficiente analizar el género de manera aislada; las desigualdades se producen en la intersección de múltiples categorías sociales como son la raza, clase social, orientación sexual, edad, discapacidad, entre otras.
Por ejemplo, la experiencia de discriminación de una mujer negra trabajadora no puede explicarse únicamente por su género o su raza; es la combinación de ambos factores, junto con su clase social, que genera una situación de desigualdad específica y compleja.
Cuestionamiento del sujeto universal femenino
Antes de la interseccionalidad, muchos estudios feministas tendían a hablar de “la mujer” como sujeto universal, lo que implicaba una visión homogénea de las experiencias femeninas. La incorporación de la interseccionalidad permitió reconocer que las mujeres no viven todas la misma forma de opresión ni tienen las mismas oportunidades. Puso de relieve la diversidad de experiencias según contextos culturales, históricos y sociales; y amplió los estudios de género hacia nuevas perspectivas: feminismos negros, feminismos indígenas, feminismos queer, estudios de masculinidades, entre otros.
Impacto en los estudios contemporáneos
La interseccionalidad y la expansión del campo transformaron los estudios de género en una disciplina multidimensional y plural, que analiza las relaciones de poder desde distintos ejes simultáneamente.
Estos estudios se convierten en una herramienta política y social, que se utiliza para el diseño de políticas públicas con el objetivo de que sean más inclusivas y para visibilizar colectivos históricamente marginados. Como se haga, ya es otra cosa.
Son también estos estudios un marco analítico que trasciende la dicotomía natural si hombre-mujer, abarcando identidades de género diversas y sus experiencias en diferentes contextos sociales.
En resumen, a partir de los años 90, los estudios de género dejan de centrarse solo en las mujeres y pasan a investigar cómo las desigualdades se construyen y se entrelazan, haciendo del campo un espacio académico más crítico, inclusivo y complejo.
Tendencias contemporáneas
Hoy, los estudios de género y la historia de las mujeres se caracterizan por ser multidisciplinarios: combinan historia, sociología, antropología, literatura, filosofía, psicología y ciencias políticas. Analizar masculinidades, relaciones de poder, sexualidades y políticas públicas de igualdad. Trabajar con metodologías críticas, incluyendo fuentes orales, literatura, arte y medios de comunicación.
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Campo |
Enfoque |
Periodo de consolidación |
Figuras clave |
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Historia de las mujeres |
Recuperación de la memoria femenina en la historia |
1960-1970 |
Gerda Lerner, Joan Kelly |
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Estudios de género |
Análisis de roles, construcciones y relaciones de poder basadas en género |
1980-1990 |
Judith Butler, Simone de Beauvoir |
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Estudios contemporáneos |
Interseccionalidad y diversidad de experiencias |
1990-presente |
Kimberlé Crenshaw, bell hooks |