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Chejov

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Antón Chejov empezó a escribir por necesidad. Su padre era alcohólico, estaba arruinado y además, había huido del hogar para con ello evitar la cárcel. Tanto Antón como sus hermanos agradecieron esa decisión pues así no tendrían que volver a convivir con él, terminando una época de malos tratos pero dejando a la familia en una delicada situación económica.

Antón tiró de talento literario para rescatar a la familia y pagarse estudios de medicina que era en realidad su gran pasión.

Decía que: “La medicina es mi esposa legal; la literatura, solo mi amante”, con la inocencia del que cae una y otra vez en el pecado porque ahí está su verdadero amor, en su amante, en la literatura. La amante le dio mucho más que la mujer, lo encumbró a la consideración de ser uno de los tres gigantes de la literatura rusa, junto con Tolstói y Dostoyevski, en el XIX. 

Antón no era el mayor pero fue él quien se encargó de sacar a flote a la familia caracterizándose en toda su vida por su altruismo. 

Una de sus hermanas aseguraba que después de terminar sus estudios y en ejercicio como médico, atendió al año a más de un millar de campesinos sin cobrarles por sus servicios nada en absoluto,es más, les facilitaba a muchos incluso las medicinas que necesitaban. Daba clases gratuitas de higiene y durante un brote de cólera prestó sus servicios de forma gratuita hasta en 25 pueblos.

Gorki aseguraba que cuando Chéjov se reunía el grupo de intelectuales que frecuentaba, todos parecían más sinceros, mñas reales y mñas sencillos porque Chejov les contagiaba su modestia y su generosidad. 

Su destino no fue justo con él y en el año 1887, a sus 27 años, como una consecuencia de su labor como médico, enfermó de tuberculosis y esto transformó su mundo totalmente. Chejov trata se continuar su carrera como médico pero al fines de 1892 debe abandonar y se ve obligado a dedicarse exclusivamente a la literatura. Al final tuvo que divorciarse de su "esposa" la medicina y caer en los brazos de la sirenas que lo llamaba con sus cantos, la literatura.

La obra de Chejov se entiende mejor sabiendo de su pasado, su pasado lo sensibilizó y lo hizo capaz de describir como nadie las emociones y la psicología humanas. Su personalidad y sus vivencias están presentes también en la estructura de su obra, que a veces se centra en algunos detalles rápidos que pudieran parecer intrascendentes dentro de la trama, con lo que vemos como Chejov era consciente de que no siempre se tiene el protagonismo en la vida. Esta técnica está presente en obras como

  • “La gaviota” (1896),
  •  “Tío Vania” (1900) 
  • y “El jardín de los cerezos” (1904), donde, además, reconoceremos en sus personajes males muy actuales como 
    • el desencanto, 
    • el hastío, 
    • el escepticismo y 
    • la sensación de fracaso. 

Lo mismo sucede con sus cuentos, que parecen tan extraordinarios como experimentales. Es lo que sucede en “La dama del perrito” (1899), donde asistimos a la historia de un hombre y de una mujer que creen haber hallado el amor en romance adúltero, lo que sirve a Chéjov de excusa para tratar el tema de 

  • la soledad, 
  • del egoísmo del ser humano 
  • y de la fugacidad del amor, sin moralinas ni juicios, con una complejidad llamativa en un relato corto de muy pocas páginas.

Chéjov muere joven, solamente contaba 44 años, el día 15 de julio de 1904, dejando el legado de su obra en la que estaba escrito el deseo de encontrar significado a la vida. Algo presente en su trayectoria como médico tanto como literato.

No llegó nunca a ver la influencia de su trabajo en otros. Su humildad le ahcía pensar que nunca había sido un buen literato y llegó incluso a afirmar que 

  • no estaba hecho para el teatro 
  • y que había desaprovechado las oportunidades de crear algo importante. 

Su vida parecía proyectada desde la humildad, lo que le hacía empequeñecerse ante las obras  monumentales de algunos de sus colegas conocidos.

Le definía el laconismo, la libertad, el evitar hacer juicios morales, mostrando muchas veces el mundo, lastimero y grisaceo, que veían sus ojos, pero también dando vías para seguir por mejores caminos. 

Trató en sus obras las incertidumbres y las frustraciones del ser humano, dando algunas claves para que el recorrido vital fuera más fácil. Se había fijado una meta, ya en su época como médico: que la vida doliera menos, en los momentos en los que era más dura.


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