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Celestino V








Nació en Isernia en 1215 y su nombre de cuna era Pietro Angeleri di Murrone, pero en el ocaso de su vida se convertiría en el Papa Celestino V, murió en la torre del castillo de Fumone 19 de mayo de 1296, preso de su sucesor Bonifacio VIII. 

En 1232 ingresa en el benedictino monasterio de Santa Maria di Faifoli y su inclinación al ascetismo le lleva al eremitismo en 1239 confinandose en una cueva del monte Morrone, allí permaneció cinco años. Funda la orden de los Celestinos, de vida contemplativa en clausura y lleva una vida propia de las costumbres cátaras, llegando a vestir humilde y áspera túnica con una cadena a la cintura, imitando el aspecto de Juan el Bautista. 

 
 

Su nombramiento cono Papa fue atípico, la decisión fue tomada en su ausencia y hubo de personarse una comisión en el lugar donde residía Celestino V, al efecto de comunicarle su nombramiento.

Su reticencia a ocupar la sede pontificia, le hizo rehuir varias veces este hecho y al final la ocupó solo varios meses, abdicando.

El corto ministerio estuvo presidido por episodios de huida que le llevaron al final a su apresamiento y a su confinamiento en el castillo de Fumone, sitio donde falleció, aunque no se sabe con certeza si la muerte le sobrevino de forma natural o fue asesinado, su cráneo presenta un orificio y las conclusiones de las pruebas radiológicas efectuadas en su momento, 1988, no han trascendido a la información pública. 








Castillo de Fumone



En 1274  abandonó su retiro y asiste al concilio convocado por Gregorio X, en Lyon; se hospeda en la casa de los caballeros templarios donde concurrió también Guillaume de Beaujeu, vigésimo primer Maestre templario francés, que ostentaba el cargo de Comendador de Apulia, Italia,  de tal encuentro existe documentación que atestigua este encuentro. 

Costoso viaje para su condición de asceta. La respuesta a este pensamiento está en el patrocinio de los Templarios, protectores de los peregrinos; el temple, se vuelca posteriormente en la construcción de la basílica de Santa María de Collemaggio, en L'Aquila, Italia en 1287, suceso que ocurre dos años antes de ser coronado Papa;  la basílica está repleta de simbología templaria y alquimica. 

El mausoleo que custodia el cuerpo de Celestino V, tiene la simbología templaria del Agnus Dei, el sello de Salomón y el del Rey David, así mismo figuran las efigies del Rey Salomón y la Reina de Saba, simbología tradicional judía. 

La fundación de la ciudad de L’Aquila fue atribuida generalmente a Conrado IV, en el año 1274, pero en realidad el promotor habría sido su tío Federico II, que era gran conocedor de las claves esotéricas, de forma que se establece gran correspondencia entre los planos de Jerusalén y los de L’Aquila .







En 1294, durante su breve papado Celestino V, emite la “Bulla de la Perdonanza” o Bula del Perdón, por medio de la que absolvía a todo el que fuese a rezar a la basílica. 

Su escudo papal muestra un dragón, insignia de la dinastía Rupénida en el Reino Armenio de Cilicia, dinastía que fue importante aliada de los cruzados y sobre todo de los templarios.




Escudo Papal Celestino V






Escudo de la dinastía Rupénida









La circunstancia de que su cráneo se encontrara perforado conteniendo en su interior un clavo de plomo, hace pensar en el ritual funerario gnóstico, que era practicado por merovingios y por templarios. Sus restos robados en 1988, siendo el robo anterior a la práctica de las pruebas radiológicas, estudio que no ha transcendido razón por la cual no se sabe si esa perforación se encontraba en el cráneo, o si fue descubie después del hallazgo de los restos, es decir, si fue ante o post mortem. Si fuese posterior al robo estaríamos ante un caso de administración del ritual funerario gnóstico y quedaría abierta la hipótesis de que en pleno siglo XX, estaría presente una influencia capaz de realizar una práctica semejante. 

Con tal particular incisión en la parte izquierda no es el único cráneo que se ha hallado. 



Cráneo de Celestino V





Supuesto cráneo de Juan el Bautista



La afinidad con el Papa Benedicto XVI y Celestino V, es notoria. Ambos reticentes a ser nombrados Papas,  su abdicación y el deseo de permanecer oculto y retirado del mundo, recuerda el eremitismo de Celestino V. 

 



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